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Apuntes de un peregrino en Comillas

10/02/2017

Dejamos atrás el precioso barrio de La Concha, en Ruiloba. Tras  un corto y agradable paseo, llegamos a nuestro próximo destino: la histórica y monumental villa de Comillas, conocida como la ‘Villa de los Arzobispos’ porque en los siglos XVII y XVIII nacieron cinco prelados que ocuparon importantes diócesis.

Cruzamos el arroyo Gandaria, en la playa, desde donde empezamos ya a intuir nuestro destino, Santo Toribio, en el corazón de los Picos de Europa. A la altura del camping subimos por la calle Calvo Sotelo hasta el centro de la villa.

Se impone un alto en el camino para saborear con los cinco sentidos todas las maravillas de esta increíble villa, cuna de la arquitectura modernista del siglo XIX y lugar de veraneo del rey Alfonso XII en 1881 y 1882, a quien siguió su corte, nobles y aristócratas, gracias a Antonio López y López.

Oriundo de Comillas y de origen modesto, Don Antonio López amasó una gran fortuna y se convirtió, en 1878, en el primer Marqués de Comillas. Sus relaciones y las de su hijo, Claudio López Bru (segundo Marqués de Comillas), con Barcelona, la arquitectura y los artistas de la época, hicieron que hoy encontremos fantásticos edificios y que esta villa sea uno de los centros del modernismo español donde se reúnen trabajos de grandes artistas de la época como Joan Martorell, Cristóbal Cascante y Colom, Luis Domenech i Montaner y Antoni Gaudí.

Nos dejamos llevar por las calles de Comillas y encontramos una preciosa plaza central donde se ubica la Iglesia de San Cristóbal, el antiguo Ayuntamiento y el Ayuntamiento Nuevo; la Plaza con la Fuente de los Tres Caños, de Doménech i Montaner; no muy lejos, El Capricho de Gaudí, el Palacio de Sobrellano y la Capilla Panteón: el Cementerio gótico, en un alto, y más arriba, la antigua Universidad Pontificia, actualmente sede del Centro Internacional de Estudios Superiores del Español de la Fundación Comillas, desde donde se domina todo el casco urbano; enfrente, el fantástico chalet de estilo inglés El Duque; junto a la playa, el Monumento al Marqués de Comillas, … sin olvidar sus fantásticos arenales y su acogedor y agradable Albergue La Peña, ubicado en la antigua cárcel.

Una vez que hemos deleitado nuestros cinco sentidos, abandonamos la villa tomando el carril-bici paralelo a la CA-131, dejando a la izquierda el conjunto de Sobrellano hacia Rubárcena, y cruzamos el estrecho Puente de la Rabia, sobre la desembocadura de los ríos Turbio y Capitán, en pleno corazón del Parque Natural de Oyambre. El espectáculo natural nos deja mudos.

Saliendo a la CA-363, bordeamos la marisma hacia el campo de golf de Oyambre, sobre a la playa, diseñado por Severiano Ballesteros alrededor de una casona del siglo XVI ubicada en una antigua atalaya ballenera.

Continuamos el camino por una pista asfaltada que nos conduce a La Revilla, población ya perteneciente al municipio de San Vicente de la Barquera, nuestro próximo destino. Ya están más cerca los majestuosos Montes Vindios romanos, es decir los Picos de Europa, al abrigo de los cuales está nuestra meta de peregrinación: Santo Toribio de Liébana y el Lignum Crucis. 

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Liébana celebra el Año Jubilar Lebaniego desde 1512, por conservar el trozo más grande de la Cruz de Cristo, el Lignum Crucis, un privilegio compartido con Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela. Más de 500 años de peregrinación a Santo Toribio de Liébana, más de 500 años de Camino Lebaniego.

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